Luz roja y mitocondrias: cuando la luz se convierte en una verdadera señal para nuestras células
Por qué te hablo de esto
¿Y si la luz pudiera hacer mucho más que iluminar nuestro entorno? ¿Y si ciertas longitudes de onda fueran capaces de penetrar en nuestros tejidos y enviar directamente una señal biológica a nuestras células?
Soy el Dr. Florian Vallecillo, y hoy quiero hablarles de un campo que me apasiona especialmente y que he decidido integrar progresivamente en mi enfoque de la salud metabólica, la recuperación y el envejecimiento saludable: la fotobiomodulación mediante luz roja y cercana al infrarrojo.
Es una tecnología que puede parecer muy moderna. Y sin embargo, el principio biológico en el que se basa es extraordinariamente natural: nuestras células son capaces de responder a la luz. Y en el centro de esta historia se encuentran unas pequeñas estructuras de las que les hablo con frecuencia: las mitocondrias.
Antes de hablar de luz, hablemos de energía
Cada segundo, sus células deben producir energía: para contraer un músculo, reparar un tejido, hacer funcionar su cerebro, sintetizar proteínas, mantener su temperatura, alimentar su sistema inmunitario, renovar su piel… para prácticamente todo lo que hace posible la vida.
Una gran parte de esta energía se produce en las mitocondrias. Se las presenta a menudo como las centrales energéticas de la célula: la imagen es simplificada, pero bastante acertada. Transforman la energía de nuestros nutrientes en una molécula llamada ATP, que viene a ser la moneda energética utilizada de forma inmediata por la célula. Cuanto más necesita energía un tejido, más determinante se vuelve la función mitocondrial.
¿Por qué se habla tanto de las mitocondrias hoy en día?
Porque hemos comprendido que no son simples pequeñas fábricas de energía. También intervienen en la respuesta al estrés, la regulación de la inflamación, la muerte y la renovación de las células, la función muscular, el metabolismo, el funcionamiento del cerebro y numerosos mecanismos asociados al envejecimiento.
Cuando una mitocondria funciona bien, no se limita a producir ATP: participa en toda una conversación biológica dentro de la célula. Y es precisamente ahí donde la luz roja se vuelve interesante.
La luz roja no es lo mismo que los ultravioletas
Es fundamental entenderlo. Cuando hablo aquí de luz roja o de infrarrojo cercano, no estoy hablando de los UV responsables de las quemaduras solares y los daños en el ADN de la piel. Los dispositivos de fotobiomodulación utilizan principalmente longitudes de onda del rojo visible y del infrarrojo cercano.
Estas longitudes de onda no tienen el mismo comportamiento biológico que los ultravioletas: pueden penetrar los tejidos a distintas profundidades sin provocar el bronceado ni la quemadura asociados a los UV. Es exactamente esta propiedad la que buscamos aprovechar.
¿Por qué son especiales ciertas longitudes de onda?
La luz no es una sola cosa: está compuesta de diferentes longitudes de onda, y nuestros tejidos no las absorben todas de la misma manera. Ciertas longitudes de onda rojas actúan principalmente sobre tejidos relativamente superficiales, de ahí su interés a nivel de la piel; el infrarrojo cercano, en cambio, puede penetrar más profundamente.
Por eso los dispositivos modernos combinan a menudo varias longitudes de onda. En el sistema que he elegido utilizar, por ejemplo, hay seis: 630, 660 y 670 nm en el rojo, y 810, 830 y 850 nm en el infrarrojo cercano. El objetivo es obtener una estimulación más amplia, desde la superficie de la piel hasta tejidos más profundos.
¿Y qué hace la luz cuando entra en nuestras células?
Esta es la parte fascinante. Ciertas moléculas de nuestras células son capaces de absorber fotones; se las llama cromóforos. Una de las principales dianas estudiadas en fotobiomodulación se encuentra en las mitocondrias: una enzima llamada citocromo-c oxidasa.
No necesita recordar su nombre. Recuerde simplemente que interviene en la cadena que las mitocondrias utilizan para producir energía. Ciertas longitudes de onda rojas y cercanas al infrarrojo pueden influir en este sistema, y eso puede desencadenar toda una cascada de respuestas celulares.
Primera consecuencia: sostener la producción de energía
Cuando la función mitocondrial se estimula en buenas condiciones, la célula puede mejorar temporalmente ciertos mecanismos relacionados con la producción de ATP. Y esto se vuelve especialmente interesante en los tejidos que consumen mucha energía: los músculos, el sistema nervioso, la piel en reparación, los tejidos sometidos a un esfuerzo o a un estrés importante. Es una de las razones por las que la fotobiomodulación se estudia desde hace años en la recuperación muscular y el rendimiento.
Segunda consecuencia: actuar sobre la señalización celular
Pero no hay que imaginar la luz roja como un cargador de batería que simplemente enviara más ATP. La realidad es más interesante: la fotobiomodulación también puede modificar pequeñas cantidades de especies reactivas del oxígeno, que usted probablemente conoce como radicales libres.
Tendemos a creer que todos los radicales libres son perjudiciales. Eso es incorrecto. En pequeñas dosis, algunas de estas moléculas actúan como señales biológicas: le indican a la célula que debe adaptarse, activar ciertos sistemas de defensa, reparar, responder a un estrés. Es un fenómeno que también encontramos en el ejercicio: un pequeño estrés bien dosificado puede desencadenar una adaptación beneficiosa.
Es lo que a veces se denomina hormesis
La hormesis es un concepto fascinante: un estímulo relativamente débil puede desencadenar una respuesta adaptativa que luego vuelve al organismo más resiliente. El ejercicio funciona en parte de este modo — cuando hace entrenamiento de fuerza, impone un estrés a su músculo, y su organismo responde reparando, adaptándose y fortaleciéndose. Ciertas respuestas a la fotobiomodulación pueden seguir una lógica similar. Y esto nos lleva a un concepto absolutamente fundamental: la dosis.
Más luz no es necesariamente mejor
Es sin duda una de las cosas más importantes que hay que comprender. En fotobiomodulación, existe lo que se denomina una respuesta bifásica. En pocas palabras: poca luz apenas produce ningún efecto; una dosis adecuada puede desencadenar una respuesta biológica interesante; pero una dosis excesiva no aporta necesariamente más beneficios e incluso puede reducir el efecto buscado.
Por eso una verdadera fotobiomodulación no consiste en «permanecer el mayor tiempo posible frente a una luz roja». Hay que dominar la longitud de onda, la intensidad, la distancia, la duración, la frecuencia de las sesiones y el objetivo perseguido. Y es precisamente por ello que la calidad del dispositivo importa.
¿Qué se puede esperar de la fotobiomodulación?
Hoy existen varios ámbitos especialmente interesantes, y quiero abordarlos con el mismo cuidado por los matices que de costumbre.
La recuperación muscular
La fotobiomodulación ha sido estudiada en relación con el ejercicio. Algunos datos sugieren que, con los parámetros adecuados, puede contribuir a mejorar ciertos marcadores de recuperación, a reducir algunos dolores musculares tras el esfuerzo, a favorecer la recuperación funcional y a modular ciertos mecanismos relacionados con la fatiga muscular. Es especialmente interesante cuando se combina con un programa de entrenamiento bien estructurado — porque, como repito a menudo, el objetivo no es reemplazar el ejercicio, sino ayudar al organismo a responder mejor a él.
La piel
Este es un ámbito donde la luz roja resulta particularmente interesante. La piel posee células llamadas fibroblastos, que participan especialmente en la producción de colágeno, elastina y distintos elementos de la matriz extracelular. Algunos estudios sobre la luz roja y la luz infrarroja cercana han observado modificaciones favorables en parámetros relacionados con la textura y la calidad de la piel, las líneas finas, la reparación de los tejidos y ciertos mecanismos de producción del colágeno.
Es un enfoque que, evidentemente, me interesa mucho en medicina estética. No para reemplazar otros tratamientos, sino como herramienta complementaria que permite trabajar sobre la biología misma de la piel.
Y aquí es donde mi visión de la medicina estética evoluciona
Durante mucho tiempo, la medicina estética consistió sobre todo en modificar lo que se ve: una arruga, un volumen, una mancha, una flacidez. Pero hoy también podemos plantearnos otra pregunta: ¿en qué estado biológico se encuentra el tejido que tratamos? ¿Cómo producen energía sus células? ¿Cómo se recuperan? ¿Cómo responden al estrés? ¿Cómo envejecen?
Este enfoque me parece apasionante, porque la medicina estética del mañana probablemente no será únicamente una medicina de corrección: se convertirá cada vez más en una medicina de la calidad de los tejidos.
¿Y el metabolismo?
Es otro ámbito que me interesa. Nuestra salud metabólica depende en gran medida de la capacidad de nuestros tejidos para utilizar y transformar la energía. El músculo es uno de los mayores consumidores de glucosa del organismo, y las mitocondrias son el núcleo de su funcionamiento. Por eso los investigadores se interesan por las interacciones entre fotobiomodulación, función mitocondrial, ejercicio y metabolismo.
Por tanto, veo la luz roja no como un tratamiento milagroso que «quemaría la grasa» sin moverse — eso sería falso — sino como una herramienta complementaria dentro de una estrategia metabólica global. Una estrategia que se apoya siempre en una nutrición adaptada, el movimiento, el fortalecimiento muscular, el sueño, el ritmo circadiano, la gestión de la composición corporal y, cuando está indicado, un abordaje médico personalizado. La fotobiomodulación se integra en ese conjunto.
¿Y el envejecimiento?
Cuando hablamos de antienvejecimiento, prefiero hablar de envejecimiento celular y de mantenimiento de la función. Con los años aparecen progresivamente una disminución de ciertas capacidades mitocondriales, un aumento del estrés oxidativo, una inflamación crónica de bajo grado, una pérdida de masa muscular, una menor capacidad de recuperación y cambios en la piel.
No podemos impedir que el tiempo pase, pero sí podemos actuar sobre algunos de estos mecanismos. El ejercicio físico es probablemente una de las herramientas más poderosas; una buena nutrición también; el sueño igualmente. Y la fotobiomodulación viene hoy a sumarse a esta caja de herramientas como un medio posible para sostener ciertas respuestas celulares y tisulares. Es en ese sentido que encuentro esta tecnología particularmente prometedora.
La fotobiomodulación no es una lámpara calefactora
Otra confusión frecuente: el objetivo no es simplemente calentar los tejidos. Existen otras tecnologías médicas basadas en el calor; aquí buscamos sobre todo un efecto fotobiológico — los fotones son absorbidos por ciertas estructuras celulares y desencadenan una respuesta. Esto es muy diferente del razonamiento «siento calor, luego funciona». Uno puede sentir cierto calor frente a un panel potente, por supuesto, pero el objetivo biológico no se reduce a ese calor.
Por qué prefiero trabajar con un dispositivo profesional
Hoy en día encontrará en Internet una multitud de aparatos: mascarillas, bombillas, paneles pequeños, cinturones, gadgets, lámparas rojas vendidas como soluciones universales. Algunos producen perfectamente luz roja, pero eso no es suficiente.
Para saber lo que realmente se entrega a un tejido, es necesario conocer varios parámetros: la longitud de onda (¿es realmente de 630, 660, 810, 830 o 850 nm?), la irradiancia (la potencia lumínica recibida por una superficie), la distancia (una lámpara a 5 cm y la misma lámpara a 50 cm evidentemente no entregan la misma dosis), el tiempo (intensidad × tiempo = una parte esencial de la dosis recibida), la distribución de la luz (un panel grande irradia grandes superficies de forma más homogénea) y la posibilidad de controlar estos ajustes, ya que no todos los objetivos requieren la misma combinación. Por eso, en contexto clínico, prefiero un equipo cuyas características técnicas sean conocidas y controlables.
El dispositivo que he elegido
En el marco de este enfoque, he elegido un panel profesional de fotobiomodulación que permite una exposición corporal muy amplia, el cual combina varias longitudes de onda en el rojo y el infrarrojo cercano. El interés de este enfoque multibanda es poder trabajar al mismo tiempo con fotones de distintos perfiles de penetración: algunas longitudes de onda más orientadas hacia los tejidos superficiales, y otras que penetran con mayor profundidad.
El dispositivo también permite controlar la intensidad de las diferentes longitudes de onda, lo que abre la posibilidad de personalizar progresivamente los protocolos según el objetivo: piel y calidad tisular, recuperación muscular, acompañamiento de la actividad física, o protocolos más globales de salud metabólica y envejecimiento saludable. El sistema MITO LIGHT Master 5.0 que he elegido utiliza seis longitudes de onda —630, 660, 670, 810, 830 y 850 nm—, cuenta con 990 LED y permite el ajuste individual de cada longitud de onda.
¿Es suficiente con una sola sesión?
No, y esto es importante entenderlo. La fotobiomodulación se parece más al ejercicio que a un medicamento que se toma una sola vez: en general, se busca una repetición de estímulos correctamente dosificados. Según el objetivo, se construye entonces un protocolo de varias sesiones, se observan la tolerancia, la recuperación, las sensaciones, el objetivo clínico y la evolución, y luego se ajusta el protocolo.
¿Se puede sentir algo desde la primera sesión?
Algunas personas describen rápidamente una sensación de relajación, un calor agradable, una impresión de recuperación o un bienestar general. Otras casi no sienten nada durante la sesión, y eso no significa que la luz no tenga ningún efecto biológico: las mitocondrias, evidentemente, no le envían una notificación anunciando «ATP aumentado en un 12 %». El objetivo no es, por tanto, buscar una sensación espectacular, sino integrar la fotobiomodulación en una estrategia coherente y repetida.
¿La luz roja reemplaza al sol?
No. El sol es una fuente de luz extremadamente compleja, compuesta por muchísimas longitudes de onda. La fotobiomodulación, en cambio, es diferente: seleccionamos voluntariamente ciertas bandas de luz para obtener un estímulo biológico preciso. Y, a diferencia del sol, podemos controlar la longitud de onda, la potencia, la duración y la distancia, lo que permite trabajar de forma mucho más reproducible.
Lo que me apasiona de esta tecnología
No es simplemente que sea moderna. Es que representa otra manera de interactuar con el organismo. Estamos acostumbrados a pensar que un tratamiento debe ser necesariamente un medicamento, una inyección, una molécula o una intervención. Pero un fotón también puede transmitir información biológica. Utilizar la luz para influir en la función celular en lugar de limitarse a tratar un síntoma: es esta idea la que me parece especialmente interesante, y abre todo un campo de la medicina que apenas estamos comenzando a explorar plenamente.
Lo que quiero que recuerden
La luz roja y el infrarrojo cercano pueden penetrar en nuestros tejidos, y algunas de estas longitudes de onda interactúan con mecanismos celulares y mitocondriales. Pueden influir en la producción de energía, la señalización celular, la respuesta al estrés oxidativo, la recuperación muscular, la reparación de tejidos y ciertos mecanismos relacionados con la calidad de la piel. La fotobiomodulación es, por tanto, una herramienta hoy muy interesante en un enfoque moderno de la recuperación, la salud muscular, la calidad cutánea, el metabolismo y el envejecimiento saludable.
Pero hay algo que considero esencial: la luz es una dosis. Y una dosis debe poder controlarse. Por eso prefiero los dispositivos profesionales que permiten conocer con exactitud las longitudes de onda, la intensidad, la distancia y el tiempo de exposición. Una luz simplemente roja no es automáticamente una fotobiomodulación correctamente dosificada.
Soy el Dr. Florian Vallecillo, y si tuviera que dejarles con una sola idea hoy, sería esta: nuestras células no responden únicamente a las moléculas que ingerimos o a los medicamentos que tomamos; también responden a su entorno, al movimiento, al sueño… y a la luz. Hemos aprendido mucho sobre nutrición y ejercicio; hoy empezamos a comprender mejor cómo ciertas longitudes de onda pueden, también ellas, convertirse en una herramienta al servicio de nuestra biología.
Es precisamente por eso por lo que he decidido integrar progresivamente la fotobiomodulación en algunos de mis protocolos: no para reemplazar lo que ya sabemos que es eficaz, sino para añadir una herramienta capaz de actuar directamente a nivel celular. Porque cuando hablamos de salud, de recuperación y de envejecimiento saludable, a veces hay que empezar por lo más pequeño. Hasta la mitocondria.
Lo que debes recordar
- —La fotobiomodulación (luz roja y cercana al infrarrojo, ~630–850 nm) no tiene nada que ver con los UV: envía una señal biológica a las células, sin bronceado ni quemaduras.
- —Su principal diana es mitocondrial (citocromo-c oxidasa): puede favorecer la producción de ATP y la señalización celular — pequeñas dosis de radicales libres que actúan como señales de adaptación (hormesis, como el ejercicio).
- —La dosis es esencial y bifásica: muy poca no hace casi nada, demasiada no aporta más y puede reducir el efecto. La longitud de onda, la intensidad, la distancia, la duración y la frecuencia deben estar bien controladas.
- —Ámbitos más interesantes: recuperación muscular, calidad de la piel (fibroblastos/colágeno), metabolismo y envejecimiento saludable — como complemento, nunca como sustituto del ejercicio y la nutrición.
- —No es una lámpara de calor: el efecto buscado es fotobiológico, no térmico; «sentir calor» no es un signo de eficacia.
- —Una simple luz roja no equivale a una fotobiomodulación correctamente dosificada: de ahí la importancia de un dispositivo profesional con parámetros conocidos y controlables.
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Doctor Florian A. Vallecillo Cabrera
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Contenido informativo y de divulgación, redactado y revisado por el Doctor Florian A. Vallecillo Cabrera. No sustituye una consulta médica presencial ni un diagnóstico individualizado.

